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Divorcio y separación: golpe económico para mujeres e hijos

Alrededor del mundo las familias monoparentales maternas disminuyen su bienestar económico tras la disolución de sus uniones maritales o de hecho. La situación es particularmente preocupante en Colombia, donde estas presentan altos índices de pobreza.

Por: Lina Fernanda Sánchez Alvarado
lf.sancheza@uniandes.edu.co

En las últimas tres décadas, el divorcio y la separación han aumentado a un ritmo acelerado en Colombia. Entre 1990 y 2010, este fenómeno creció en 65 por ciento para mujeres entre los 25 y los 29 años y en 46 por ciento para aquellas entre 35 y 39 años.

Con esta disolución, su bienestar económico se reduce, no solo como consecuencia del reajuste de los ingresos del hogar, sino porque en su mayoría son ellas quienes conservan la custodia de sus hijos. Por su parte, los hombres aumentan su bienestar económico en la mayoría de los casos. Estas dinámicas son expuestas por resultados preliminares de la investigación “Consecuencias económicas del divorcio y la separación para las mujeres en Colombia” de la profesora Ángela Guarín Aristizábal, de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes.

Allí no solo explora la situación colombiana, sino que la compara con otros países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Una investigación sobre seis de ellos muestra que, en Alemania, las mujeres experimentan una reducción de 35 por ciento en el ingreso ajustado del hogar al disolver sus uniones. En Estados Unidos, la merma es de 30 por ciento y en el Reino Unido de 26 por ciento. Para el caso de Colombia, el estudio de la profesora Guarín busca estimar el porcentaje de esta disminución. Resultados preliminares indican que para las colombianas cambian las fuentes de ingreso del hogar, y que las ayudas recibidas de familiares y amigos aumentan considerablemente.

“Este impacto negativo en el bienestar económico de las mujeres se puede explicar desde factores que se dan incluso antes de formar sus uniones. Por ejemplo, las desventajas en el mercado laboral, seguidas de la maternidad y de dinámicas asociadas con el divorcio, la separación y la custodia de los niños”, asegura la investigadora Guarín, doctora en Bienestar y Política Social, de la Universidad de Wisconsin–Madison.

En su mayoría son ellas quienes reciben menores salarios y experimentan la penalidad por ser madres, acumulando menos años de experiencia laboral, producto de su mayor dedicación al cuidado de los hijos.

Por otra parte, el aumento en la proporción de personas separadas y divorciadas sugiere mayor inestabilidad de las uniones. También se ha documentado la pérdida de importancia del matrimonio, a la par con un incremento significativo en el número de uniones libres, según estudios de la investigadora Carmen Elisa Flórez.

De hecho, Colombia es uno de los países que registra las cifras más altas de cohabitación en América Latina (33 por ciento), según el reporte World Family Map 2019, del Institute for Family Studies y de Wheatley Institution.

Los niños también se afectan

El impacto en el bienestar económico de las mujeres también impacta a los hijos, pues en la mayoría de los casos ellos quedan a su cargo después de un divorcio o una separación. En las últimas décadas la proporción de niños que crecen sin la presencia de alguno de los padres se ha incrementado. Según Laura Cuesta, economista de la Universidad de los Andes y profesora asistente de la Universidad de Rutgers en Estados Unidos, 40 por ciento de las familias con niños son monoparentales y, de estas, 69 por ciento son maternas. Uno de sus estudios recientes muestra que la pobreza de estos niños (33 por ciento) es poco más del doble que la observada entre los que viven con ambos padres.

En este contexto, la cuota alimentaria podría pensarse como un instrumento para mejorar el bienestar de estas mujeres y sus hijos después de la disolución de sus uniones; sin embargo, en el país solo 1 de cada 4 familias monoparentales la recibe.

La investigadora Cuesta explica que la mayoría de sistemas de cuota alimentaria fueron creados bajo la premisa de que los padres obligados a pagar tienen empleos estables y cumplen con su obligación, pero las estadísticas indican que no lo hacen. Hay diferentes formas de atacar este problema. En los países nórdicos, por ejemplo, el Gobierno transfiere una cuota alimentaria cuando los padres no están en la capacidad de hacerlo.

¿Debería entonces el Gobierno garantizar transferencias mínimas para las mujeres que se hacen cargo de los hijos después de un divorcio o una separación?

Para Ángela Guarín, de la Escuela de Gobierno, este es un problema de política pública. “Se requieren intervenciones tempranas porque un niño que nace y crece en la pobreza está expuesto a varios factores de riesgo, además de tener menores posibilidades de salir de la pobreza en su edad adulta, lo cual en el largo plazo puede generar costos sociales y económicos para el Estado”, puntualiza.

Adicionalmente, las mujeres aportan de manera considerable al crecimiento económico del país, por lo cual un menor bienestar puede tener un impacto negativo en la economía. Muchas enfrentan grandes dificultades para recuperar su estabilidad económica después del divorcio o separación, lo que las deja en una condición de vulnerabilidad y pobreza persistente. Por estas razones, la invitación es a identificar estrategias de política pública que permitan garantizar el bienestar económico de ellas y sus hijos, tanto antes como durante y después de la disolución de sus uniones.

*Fuente: World Family Map 2019, del Institute for Family Studies y Wheatley Institution.

Ilustración y gráficos: Edwin Cruz.

‘TARDÉ 3 AÑOS EN VOLVER A ARMAR MI CASA’

“Cuando me decidí a dejar al que era mi esposo, solo empaqué maletas y me fui a vivir a otro pueblo. Empecé de cero, viviendo en la habitación de la casa de una familia con mi hijo. Soy docente, pero incluso con un trabajo fue difícil empezar de nuevo. Los ingresos se mantenían, pero los gastos aumentaron. Así que decidí vivir en esa habitación tres años mientras buscaba comprar de nuevo una casa y recuperar mis pertenencias. Ahora que mi hijo arrancó la universidad, tuve que pedir la cuota alimentaria, pero ha sido complicado que cumpla”.

Carmen Rosa Alvarado

‘TRABAJO OCASIONALMENTE PARA NO DEJAR SOLOS A MIS HIJOS’

“Duré 15 años viviendo con él, pero yo fui quien se quedó con los dos hijos, porque él se la pasa tomando alcohol. Llevo dos años y medio separada y desde ahí he trabajado por horas en restaurantes o en empresas con horario. Sin embargo, decidí ayudarle a mi hermana en un vivero, porque no tengo cómo pagarle a alguien que cuide a los niños. Y eso sí, primero cuidar a mis hijos que llenarme de cosas materiales. Vivo en la casa de mis padres, y mi hermana me ayuda, así disminuyo gastos y evito dejar a mis hijos a la deriva”.

Ángela María Montenegro