Debieron pasar varias décadas para que en Colombia se consolidarán transformaciones profundas en la lucha por los derechos de las mujeres. Sin embargo, todavía queda camino por recorrer y muchos abusos, desigualdades e injusticias que detener.

Por: Paula Molano
pm.molano@uniandes.edu.co

“A las niñas no les gusta aprender a leer y escribir y, sin embargo, siempre están dispuestas para aprender a coser”, dijo en el siglo XVIII el francés Jean-Jacques Rousseau, autor de El Emilio, una obra sobre la educación que ha sido elevada a la categoría de los clásicos y citada cientos de veces como un buen ejemplo en el ámbito educativo.

Pero no fue el único hombre ilustrado que denigró de la mujer. Lo habían hecho muchos siglos antes Sócrates y Platón, dos de los grandes filósofos griegos, al plantear que estas eran seres inferiores.

De ese pensamiento retrógrado no se salvan ni los grandes teólogos y maestros de la iglesia. Para santo Tomás de Aquino, “como individuo, la mujer es un ser endeble y defectuoso”, y, apenas en 1545, papas y arzobispos reconocieron que ella tiene alma.

Los tiempos han cambiado y Colombia no es ajena a esas transformaciones. Policarpa Salavarrieta, María Cano, Betsabé Espinal —también conocida como Espinosa—, Georgina Fletcher, Ofelia Uribe, Gerda Westendorp, Débora Arango, Josefina Valencia, Esmeralda Arboleda y Virginia Gutiérrez de Pineda se cuentan entre las innumerables pioneras. Pero en esa lucha silenciosa también hay cientos de mujeres anónimas inteligentes, aguerridas, comprometidas, pacíficas, ejemplares y revolucionarias.

 

Ilustración: Juliana Avella

Ilustración: Juliana Avella

Gracias a ellas se han desatado nudos apretados que las han atado, invisibilizado y relegado a un segundo plano en la historia del país. Producto de su esfuerzo, no exento del apoyo de algunos hombres, las mujeres pueden elegir y ser elegidas, ya no necesitan permiso del marido, el papá o el hermano para salir del país, pueden recibir salario sin mediación de un varón e incluso tienen acceso al aborto en algunas situaciones.

Los nudos, sin embargo, siguen siendo cuantiosos. Muchos derechos se han quedado consignados en el papel o cubren únicamente a las de las clases sociales más altas. También persisten las discriminaciones por género que se evidencian, por ejemplo, en la brecha salarial y en las dobles jornadas para atender asuntos laborales y de cuidado del hogar. La lucha continúa porque siempre habrá mujeres con las faldas bien puestas.

Aquí recogemos algunos hitos importantes en la pelea por las reivindicaciones de este género, con la orientación de las profesoras de la Universidad de los Andes Diana Marcela Gómez, de la Maestría de Género del Cider, e Isabel Cristina Jaramillo, de la Facultad de Derecho, destacadas por sus investigaciones sobre los derechos y los movimientos de mujeres. También de Claudia Mejía, exdirectora de Sisma Mujer.

 

Ilustración: Freepick.es

Ilustración: Freepick.es

Hechos destacados

Las primeras manifestaciones de resistencia femenina provinieron de las mujeres esclavizadas que abortaban para romper la cadena de vasallaje que las sometía. También surgieron tímidas iniciativas para educar a las señoritas.

• En 1700 doña María Gertrudis Clemencia de Caycedo y Vélez solicitó permiso al rey para educar a las doncellas y fundó el Colegio de la Enseñanza, cuya educación se centró en mujeres con un único destino: el matrimonio o el convento. En la Independencia, su aporte fue valioso y disímil. Las mujeres desplegaron un potencial de compromiso con los hechos públicos hasta entonces desconocido.

• Las más ilustradas organizaban tertulias para discutir sobre asuntos diversos incluidos los políticos, y otras menos educadas, desde las chicherías, apoyaban la causa emancipadora del dominio de España.

• Al lado de las tropas libertadoras marchaban Las Juanas, un ejército paralelo que seguía a los soldados; les cocinaban, les remendaban los vestidos, les tejían los abrigos, les curaban las heridas y eran esposas, hermanas, amigas y amantes.

• Hubo espías y mensajeras. Escondían las armas debajo de las faldas, prestaban sus casas para las conspiraciones contra el régimen o para proteger a los revolucionarios y hasta donaban sus joyas para financiar las campañas. Algunas, incluso, se hicieron pasar por hombres para vencer la prohibición de incorporarse a las tropas.

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• En 1857 se expidieron los primeros códigos civiles en Colombia y así las mujeres empezaron a adquirir paulatinamente derechos (en contraste, la Revolución Francesa las excluía). Sin embargo, estos no alcanzaban a tener impacto cuando ya eran derogados. Por ejemplo, en 1853, en la provincia de Vélez (Santander) se aprobó el sufragio femenino, pero no llegó a ejercerse y fue revocado en 1857. Hubo que esperar cien años desde la revocatoria para que ellas pudieran acudir a las urnas.

• En febrero de 1920, bajo el liderazgo de Betsabé Espinal, cuatrocientas obreras desafiaron la tiranía de Emilio Restrepo Callejas, un poderoso y recio industrial conocido como Paila, que las obligaba a trabajar descalzas para que no dañaran las baldosas de su fábrica de textiles en Bello (Antioquia). La Huelga de las Señoritas duró 21 días y consiguió importantes reivindicaciones: pudieron usar zapatos, la jornada laboral se redujo a 10 horas, les dieron más tiempo para almorzar y tomar onces y subieron 40 % los salarios. Y, sobre todo, fueron despedidos los capataces acosadores Jesús Monsalve, Teódulo Velásquez y Manuel J. Velásquez.

Años 30

Con la llegada del liberalismo al poder, empezó una época trascendental para la conquista de derechos femeninos.

  • En 1930 se celebró en Bogotá el IV Congreso Internacional Femenino, en el que se sembraron muchas de las semillas de los logros venideros.
  • La Ley 28 de 1932 les otorgó el derecho a disponer de sus bienes, contraer autónomamente deudas, realizar otras transacciones financieras y comparecer por sí mismas ante la justicia.
  • Mediante las resoluciones n° 167 del 4 de noviembre de 1932 y n° 3 del 11 de enero de 1933, que desarrollaban lo dispuesto en el Decreto 1487 de 1932, el Gobierno adaptó el pénsum de enseñanza para colegios de hombres y de señoritas. Finalmente, ellas tendrían un destino distinto al matrimonio o el convento.
  • El Decreto 1972 de 1933 fijó los requisitos que debía tener el pénsum de los colegios para las señoritas que aspiraran a ingresar a la educación superior. Unas pocas comenzaron a ejercer este derecho dos años después en la Universidad Nacional y luego en el Externado y la de Antioquia, aunque en 1925 la Universidad de Cartagena graduó la primera médica. En 1941, se abrió la Javeriana Femenina, donde, según esa institución, el primer grupo de alumnas sumaba 140: 8 en Derecho,12 en Filosofía y Letras, 12 en Economía Social y Enfermería y 108 en clases libres.
  • En 1936, cuando en el ámbito laboral las mujeres seguían relegadas a oficios ligados al cuidado doméstico, la reforma constitucional de Alfonso López Pumarejo les permitió ocupar cargos públicos.

Años 40 a 60

Fueron décadas marcadas por la conquista de derechos políticos y reproductivos.

• El 25 de agosto de 1954 —101 años después de la aprobación del voto femenino en la provincia de Vélez—, mediante el Acto Legislativo n° 3, la Asamblea Constituyente reconoció los derechos políticos de la mujer y, por ende, la posibilidad de sufragar. Tres años después, en 1957, con ocasión del plebiscito que dio vida al régimen bipartidista del Frente Nacional, acudieron por primera vez a las urnas. Del total de votantes, 41,7 % (1.835.255) fueron mujeres.

• Mediante la Ley 54 de 1962, Colombia ratificó el Convenio 100 de la OIT de 1951 referente a la igualdad en la remuneración laboral para hombres y mujeres por el mismo trabajo. Hoy, esta paridad sigue pendiente.

• En los sesenta, cuando los movimientos feministas ya eran muy activos, llegó al país la píldora anticonceptiva, que comenzó a socializarse en 1964 como método de control natal. A partir de ahí, nada volvió a ser igual para las mujeres, pues podían decidir sobre su sexualidad y el tamaño de su familia, así como salir a trabajar con independencia y sin las cargas que traían los hijos de la casualidad.

Años 70 y 80

Nacieron las primeras asociaciones y organizaciones de mujeres y tomaron fuerza los movimientos feministas, en un país en guerra, con abundantes casos de violencia de género no registrados por fuentes oficiales. Estas expresiones organizativas fueron clave para el reconocimiento de los derechos femeninos en Colombia.

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Foto: Depositphotos

• En 1978 se convocó el Congreso Panamericano de Mujeres Sindicalistas en Bogotá. Nueve años más tarde se llevó a cabo el Primer Encuentro de la Mujer Trabajadora, organizado por la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia (CUT).
• Nació la Asociación de Mujeres Cafeteras Indígenas de Colombia, una de las expresiones organizativas de mujeres campesinas más grandes que han existido en el país.

• En 1981 se celebró en Bogotá el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en el que se decidió elegir el 25 de noviembre como el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres, recordando el asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, ocurrido en República Dominicana durante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo.

• También se creó Unidas Sí Podemos, organización con gran importancia en el Magdalena Medio y capacidad de resistencia.

• En 1982 se fundó en Bogotá una de las más significativas y antiguas ONG del país, La Casa de la Mujer, organización feminista que asumió uno de los retos más importantes para el país: la construcción de la paz con justicia social y con la participación paritaria y activa de las mujeres.

Años 90 en adelante

El tránsito constitucional de 1991, de un Estado de Derecho a un Estado Social de Derecho, marcó un paso hacia el rechazo expreso a la discriminación jurídica y fáctica de las mujeres.

Al mismo tiempo, con movimientos feministas y de mujeres cada vez más fuertes, ellas se convirtieron en protagonistas de primera línea en la lucha por la consolidación de la paz, con énfasis en sus congéneres víctimas del conflicto armado, y en la política nacional.

Esta marcó el accionar de los movimientos femeninos en los años siguientes y el camino para que en el Grupo de Memoria Histórica, y posteriormente en el Centro Nacional de Memoria Histórica, se hiciera investigación sobre el conflicto armado con perspectiva de género.

  • A pesar de no lograr una representación significativa en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, pues solo 4 de los 74 integrantes eran mujeres —María Mercedes Carranza, María Teresa Garcés Lloreda, Aída Avella y Helena Herrán de Montoya—, ellas lograron que se aceptara la agenda reivindicativa propuesta para materializar los derechos femeninos, con excepción de la libre opción de la maternidad.
  • La Constituyente marcó un hito fundamental en la historia de las mujeres en Colombia. Algunas de ellas se organizaron en el movimiento Mujeres y Constituyente y luego en la Red Nacional de Mujeres. Así se consolidaron dos expresiones de importancia en el movimiento de mujeres en el país.
  • La Ruta Pacífica de las Mujeres surgió en la década de los 90 para exigir la salida negociada al conflicto y visibilizar la violencia en contra de ellas. Y años más tarde, en 2001, se creó la Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz (IMP), organización que impulsó la Constituyente Emancipatoria de Mujeres en 2002, de la que se desprendió una Agenda de las Mujeres por la Paz. Esta marcó el accionar de los movimientos femeninos en los
    años siguientes y el camino para que en el Grupo de Memoria Histórica, y posteriormente en el Centro Nacional de Memoria Histórica, se hiciera investigación sobre el conflicto armado con perspectiva de género.
  • La Ley 581 de 2000 o Ley de Cuotas estableció que mínimo el 30 % de los altos cargos públicos deben ser
    ejercidos por mujeres, con excepción de aquellos en los que el ingreso se base exclusivamente en el mérito.
  • En 2000 Profamilia introdujo al país la anticoncepción de emergencia.
  • El 10 de mayo de 2006, a través de la sentencia C-355, la Corte Constitucional despenalizó el aborto en tres
    situaciones: violación, malformación del feto y riesgo para la vida o salud de la gestante. Sin embargo, persisten
    numerosas trabas para que todas puedan ejercer ese derecho.
  • En 2008, se aprobó la Ley 1257, que busca sensibilizar, prevenir y sancionar las formas de violencia y discriminación contra las mujeres.
  • La Ley 1525 de 2012 ratificó el convenio de Colombia ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que
    amplió la protección a los trabajadores de servicio doméstico, un sector con amplia mayoría femenina (más de 90%).
    Esta se complementó en 2016 con la Ley 1788 que aprobó el pago de la prima de servicios para tales empleados. Sin
    embargo, es una de las normas con mayor incumplimiento, dada la enorme informalidad en los contratos.
  • Mediante el Decreto 721 de 2013, el Gobierno Nacional dispuso la afiliación de los trabajadores domésticos a las cajas de compensación familiar.
  • La Ley 1761 de 2015 o Ley Rosa Elvira Cely reconoció el feminicidio como delito autónomo. Esta fue el resultado de una tragedia: el asesinato de una mujer en cuyo nombre se bautizó la ley, ocurrido en mayo de 2012.
  • El 6 de enero de 2016 se promulgó la Ley 1773, que también lleva el nombre de una víctima: Ley Natalia Ponce de León, que definió los ataques con ácido como delitos autónomos y no como “lesiones personales”. Uno de los cambios que introdujo fue aumentar la pena máxima de 10 años de cárcel a una de hasta 50 años.

La paz con las Farc

la-paz-con-las-farcFoto: Felipe Cazares

Tras el anuncio del nombre de los negociadores de la mesa de diálogo con las Farc y ante el hecho de que solo había hombres, ONU Mujeres, la Embajada de Suecia, diez plataformas y organizaciones femeninas llevaron a cabo la Cumbre de Mujeres y Paz. En octubre de 2013, esta deliberó durante varios días en Bogotá, con la participación de casi 500 mujeres de todo el país, que le pidieron al presidente Juan Manuel Santos que nombrara a algunas representantes del género femenino como negociadoras.

• En junio de 2014, nació la Subcomisión de Género de la mesa de negociaciones de La Habana, integrada por mujeres de las Farc y del Gobierno.

• Durante las décadas de la guerra en Colombia, las mujeres se habían preparado y, a medida que exigían los derechos de las mujeres víctimas, estaban construyendo la agenda que llevaron a las mesas de negociación de La Habana. La presentaron mediante una alianza entre organizaciones de mujeres y de la comunidad internacional y la Subcomisión de Género.

• Juntas, articuladas y estructuradas, con estas propuestas lograron el reconocimiento de que la desigualdad que viven las mujeres en la discriminación de género subyace a las razones del conflicto armado. De hecho, el acuerdo de paz ha sido reconocido como el primero en aceptar esta tesis y en desarrollar medidas concretas, diferenciadas y afirmativas en favor de las mujeres.

• En el documento final, Gobierno y Farc acordaron la creación de la Instancia Especial para contribuir a la implementación del Acuerdo Final con enfoque de género. En abril de 2017, la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final estableció los lineamientos para ponerla en marcha