Foto de un puesto de toma de muestra para detección de coronavirus.
Covida adecuó puntos de toma de muestras en los parqueaderos de los centros comerciales Unicentro y Centro Mayor. Foto: Felipe Cazares

Covida, una aventura en medio de la incertidumbre

En la misma semana en que la Organización Mundial de la Salud declaró la COVID-19 como pandemia, nació en Uniandes un proyecto innovador que busca complementar las estrategias de las autoridades de salud y que se ha ido adaptando a medida que avanza la epidemia en Bogotá.

Por Adriana Díaz

Silvia Restrepo, vicerrectora de Investigación y Creación, sabía que en su laboratorio podrían hacer pruebas para detectar el virus causante de la COVID-19. Un día, al escucharla, Eduardo Behrentz, vicerrector de Desarrollo y Egresados, exclamó: “¡Hagamos un millón de pruebas y las regalamos!”. Comenzó una marcha contra el reloj para echar a andar lo que pocos días después ya tendría nombre: Covida, con el que el profesor Rachid Laajaj, codirector científico del proyecto, presentó una propuesta que obtuvo financiación del Banco Interamericano de Desarrollo.

Se fueron armando equipos de trabajo para preparar los diferentes escenarios requeridos. Una complejidad que nadie imaginaba y que ha exigido articular saberes científicos, técnicos y logísticos. Un proyecto en el que, en palabras de Luis Jorge Hernández, su director epidemiológico, todos los saberes son válidos.

Mientras Silvia buscaba dónde instalar el laboratorio, Martha Vives, vicedecana de Investigaciones de la Facultad de Ciencias, conformaba una brigada de voluntarios y Eduardo lideraba la consecución de donaciones y la compra de los kits de toma, transporte y procesamiento. Cada uno extendiendo su saber y su experiencia para contribuir en la respuesta a la epidemia causada por un virus que había transformado la interacción humana en todo el mundo.

Los recuerdos de Silvia, Martha y Eduardo de esas primeras semanas están atravesados por la incertidumbre del momento. Uniandes fue de las primeras instituciones del país en tomar medidas frente a lo que se veía venir. El 9 de marzo, tres días después de reportarse el primer caso positivo para COVID-19 en Colombia, la Universidad canceló viajes internacionales. Cuando se decretó la cuarentena estricta en el país, ya había decidido virtualizar las clases e implementar el trabajo en casa.

“Cuando nos lanzamos a decir que íbamos a tener el laboratorio no sabíamos en dónde lo íbamos a poner” recuerda Silvia. Inicialmente pensaron en el Laboratorio de Secuenciación Gencore, explica la bacterióloga Marcela Guevara, quien asistió al primer entrenamiento que hizo el Instituto Nacional de Salud (INS) para la detección del virus. “Le dije a Silvia: Gencore es muy pequeño para hacer todo lo que requiere la prueba, nos toca buscar un sitio”, añade Marcela, quien junto con la también bacterióloga Marylin Hidalgo y la bióloga Martha Lucía Cepeda, coordinaba en ese momento las actividades en Gencore. Fue Martha Lucía la encargada de dejarlo listo de acuerdo con los estándares del INS. “Es como mi bebé” dice con orgullo mientras explica todas las condiciones de bioseguridad que debe cumplir, dado el patógeno que se procesa allí.

Cursos virtuales y presenciales de Educación Continua Uniandes

A Martha Vives, por su parte, le rondaba la idea de que si se iban a procesar muestras se necesitaba quién las tomara. Ello con una premisa clara: la seguridad de los brigadistas y de las personas a quienes se les practicara. Rápidamente consiguió voluntarios para hacerlo. “Más de los que podía aceptar” recuerda, pues debían tener contrato con la Universidad y cubrimiento de EPS y ARL.

Entre tanto, Eduardo empezó a ver la dimensión del proyecto y comprendió que no sabía de qué estaba hablando cuando propuso el millón de pruebas. “Empecé siendo irresponsable, pero pronto entendí que se iba a requerir un esfuerzo titánico. Como investigador me gustan los proyectos complejos y este lo ha sido”, dice al recordar esos primeros días de Covida. La meta se ‘aterrizó’ a 100.000 pruebas PCR gratuitas para personas con alto riesgo de contagiarse y de contagiar a otros dada su ocupación y su alta movilidad en calle. Esto incluía a quienes podían salir en ese momento, dada la cuarentena estricta: trabajadores de la salud, domiciliarios, guardias de seguridad, taxistas. Se trataba de salir a buscar el virus, en lo que se denomina vigilancia activa. En ese momento, las autoridades de salud hacían vigilancia intensificada: tomar muestras a quienes presentaban síntomas. Marzo fue un mes vertiginoso.

Una aventura

El 3 de abril, el Laboratorio de Secuenciación Gencore recibió el aval del Laboratorio de Salud Pública de Bogotá para procesar muestras. En menos de tres semanas lo habían logrado. Empezó operación con un equipo de 25 personas para todos los procesos de análisis. Silvia recuerda la visita previa, requisito para la autorización: “Nunca había estado tan nerviosa desde el Icfes. Fuimos muy aventureros. Comenzamos a hacer las cosas sin saber para dónde íbamos”. En principio apoyaron a la Secretaría Distrital de Salud en el procesamiento de muestras, con unas 200 diarias; luego el apoyo se extendería al INS, a algunas regiones del país y, por supuesto, incluyó el procesamiento de las muestras de Covida.

La Brigada Uniandes, como se llamó el equipo inicial de toma de muestras, estaba conformada por tres estudiantes doctorales: Jaime Gutiérrez, Juan Camilo Farfán y Santiago Hernández; y por tres egresadas de posgrado asociadas como investigadoras: Ángela Holguín, Viviana Clavijo y Laura Tatiana Morales. A principios de abril estaba lista para empezar su trabajo.

Foto de brigadistas en una visita
La Brigada Uniandes visita oficinas y hogares para tomar las muestras. Foto: Felipe Cazares

Simultáneamente, el equipo de Filantropía dirigido por Carolina Ángel iniciaba el mes con donaciones por 190 millones de pesos, en la campaña “La prueba es de todos” y la Dirección de Servicios Administrativos vencía obstáculo tras obstáculo para importar los diferentes insumos que se necesitaban y que llegaron desde China y Corea principalmente. Mauricio Bello, jefe encargado de Operaciones, recuerda la presión de esos días con la anécdota de la diferencia horaria, pues uno de los proveedores estaba en India: “Cualquier consulta tomaba más tiempo”. A todo ello había que sumar las restricciones a los vuelos internacionales que se dieron en todo el mundo.

En otra orilla, se estaba conformando el grupo de investigación del proyecto. “Al principio había muchas personas y cada uno decía quiero que se haga esto con esos datos” recuerda Rachid Laajaj. Con el paso de los días y las discusiones académicas, el grupo quedó conformado por los médicos Luis Jorge Hernández y Andrea Ramírez, el economista Laajaj y Giancarlo Buitrago, médico y economista, director del Instituto de Investigaciones clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional y subdirector de investigaciones del Hospital Universitario Nacional. Se afinaron los objetivos: apoyar las estrategias de vigilancia epidemiológica de las autoridades sanitarias y proporcionar información que contribuyera a tomar decisiones de política pública para el manejo de la pandemia.

Las primeras muestras a participantes del proyecto Covida las tomó la Brigada Uniandes el 18 de abril. Seis días antes de conmemorar el aniversario número 71 del inicio de clases en Uniandes, ocurrido el 24 de abril de 1949. La idea había tomado forma, la aventura apenas comenzaba; igual que en los primeros días de esta universidad.

Hagamos un piloto

José Sánchez tiene 28 años, vive con su esposa y dos hijos pequeños. Trabaja repartiendo correspondencia en Bogotá. Cuando le ofrecieron hacerse la prueba aceptó porque quería proteger a su familia y recibió a los brigadistas en su casa. “Varios me dijeron que no, que eso todos los que le hacen la prueba terminan positivos, pero dije no, necesito hacérmela, no es nada del otro mundo y más aún si es gratis”, resume José.

Tomar la muestra dura menos de un minuto, los participantes pueden escoger entre uno de los dos puntos fijos o a domicilio, como lo hizo José. El resultado tarda en promedio dos días. Construir el proceso que hay detrás tardó varias semanas y enfrentó a los miembros del equipo Covida a retos nuevos cada día, que les exigieron, entre otros, altas dosis de inteligencia emocional, aprender sobre temas ajenos a su formación y experiencia, y largas jornadas de trabajo. Era tan nuevo todo lo que se quería implementar y tan diversos los obstáculos que muchas de las reuniones diarias del equipo logístico del proyecto concluían con la frase “hagamos un piloto”, para avanzar, aunque la solución no fuese la final.

En el caso de Maribel Rincón, coordinadora logística del proyecto, y su grupo, en pocas semanas aprendieron sobre las características de los equipos de protección personal, los hisopos apropiados, los estándares de las neveras para el transporte y almacenamiento, entre otros aspectos. Además, desde la primera salida de la Brigada empezaron a diseñar flujogramas y procesos para garantizar la seguridad de brigadistas y muestras.

En otro lado de la tras escena, el ingeniero Alejandro Segura y su equipo diseñaban un sistema de información sobre una plataforma de CRM que permitiera gestionar de manera segura y confidencial los datos de los participantes, así como garantizar la calidad de los mismos y cumplir los requerimientos de información del proyecto. Sin ese insumo, se verían afectados los análisis de los investigadores. El valor de los datos, más allá de la investigación, está en que ayudan a reducir la incertidumbre, como afirma Giancarlo Buitrago.

Maribel y Alejandro ayudaban a definir la ruta: convocar al participante, informarle sobre el proyecto, tener su consentimiento. De aceptar, pedirle una información médica, programar día y hora para la toma. Los casos positivos se notifican según lo establecido por las autoridades. A todos se les hace seguimiento de síntomas al día 7, al 14 y al 21 después de recogida la muestra. Discusiones sobre quién podría encargarse de eso, un centro de contacto o personal de salud, iban y venían. “Hagamos un piloto” fue la decisión, pues primó la segunda opción. ¿El argumento? La información inicial requiere criterio de alguien formado en salud. Andrea Ramírez armó con médicos recién egresados y estudiantes de Medicina de últimos semestres un centro de contacto.

Todo esto marchando al ritmo de la epidemia y de las decisiones gubernamentales, y luchando contra el tiempo para ofrecer información oportuna a las autoridades de salud. El optimismo reinaba: ¿Quién no querría hacerse gratis la prueba para saber si tiene o no COVID-19? En principio se intentó establecer convenios institucionales para garantizar suficientes personas y el criterio estadístico de representatividad. La Brigada ya había acumulado experiencia haciendo pruebas a domicilio. Pronto, esas dos ideas iniciales tuvieron que cambiar y adaptarse a la realidad de la epidemia, de la cuarentena, de las restricciones y de los miedos.

Empezó a vivirse una tensión que aún se mantiene y para la que cada día se buscan salidas, mediante pilotos, claro. Dos variables que van a diferentes ritmos: la capacidad para agendar participantes y la cantidad de listas de personas para invitar al proyecto. Para asegurar un buen número de participantes, hacer convenios con entidades aliadas parecía el mejor camino. Pocos lograron concretarse y ante la urgencia se cambió de estrategia. Por una parte, se firmaron acuerdos de confidencialidad para el manejo de datos personales y, por otra, se hizo un llamado masivo a las poblaciones de interés para que se preinscribieran a través de un formulario en internet.

Invitación a realizar la prueba del Covid-19 en Bogotá

En cuanto a dónde tomar las muestras, al hablar de cientos y miles de personas, fue evidente que la Brigada Uniandina no tendría la capacidad numérica suficiente. Lo que sí podían hacer los brigadistas era capacitar a otros: en la técnica de hisopado nasofaríngeo, en las condiciones de bioseguridad necesarias y en el etiquetado y almacenamiento. Incluso, en cómo brindar confianza a quienes se hacen la prueba.

Para facilitar la logística se instalarían puntos a los que irían, previa cita, los participantes. Alianzas con los centros comerciales Unicentro y Centro Mayor permitieron adaptar, en cada uno, un piso de parqueaderos para tomar muestras. Papel fundamental desempeñó en esa implementación Germán Otálora, jefe del Departamento Médico y de Seguridad y Salud en el Trabajo en Uniandes. Nueva carrera contra el tiempo por la aceleración de la transmisión del virus en Colombia y por la falta de claridad de los requisitos de la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, que daría su aval, para algo inédito en el país y además, en el marco de la emergencia sanitaria.

El punto de Unicentro empezó a funcionar a principios de junio y el de Centro Mayor a finales de julio, cuando Bogotá acababa de superar los 90.000 casos positivos y el país llegaba a algo más de 10.000 casos nuevos diarios. Con la puesta en servicio de estos dos puntos, la Universidad creó, además, los protocolos para toma de muestra a conductores, sin bajarse del carro, y a peatones, una de las varias contribuciones que han hecho a Covida los médicos Leonardo León y Pablo Rodríguez Feria, quienes también forman parte del equipo. Un aporte no planeado del proyecto y que estará a disposición de quien lo requiera en los próximos meses, así como toda la información técnica y científica, en el portal de Ciencia Abierta.

Además de los retos logísticos, Covida ha convivido con los miedos de la población. Como ese con el que intentaban disuadir a José cuando decidió hacerse la prueba. También el temor al aislamiento si el resultado era positivo. Aislarse es dejar de trabajar y para quienes viven de lo que consiguen día a día, no es opción. Tampoco lo es para quienes tienen contratos temporales o para los trabajadores de la salud que, en agosto, cuando los casos positivos alcanzaron el máximo en Bogotá, estaban al tope. Miedo al estigma. Muchos prefieren no saber. Todas esas voces llegaban al proyecto a través de las noticias y de los miembros del equipo.

Los retos continúan

Escribo esta historia, aún sin final, al cumplirse un mes de reapertura gradual de los diferentes sectores económicos en Bogotá. Hay cerca de 50 aliados en diferentes frentes. A diario se toman 500 muestras, cifra que va al alza. El Laboratorio Gencore ha procesado algo más de 80.000. La campaña de consecución de fondos finalizó en agosto y recaudó 12.000 millones de pesos. El centro de contacto evolucionó y se dividieron actividades. Por una parte, la empresa Emermédica, a quien se contrató para el proyecto, se encarga del agendamiento y del cuestionario médico inicial. Así mismo, se ocupa de tomar las muestras en los puntos fijos de Unicentro y Centro Mayor, a domicilio y en otros lugares, como hospitales, según las alianzas que se van estableciendo. Además, ha trabajado hombro a hombro con el equipo de Uniandes para implementar los protocolos creados. El centro de contacto inicial se enfoca actualmente en el seguimiento y rastreo de quienes dan positivo y de personas de su entorno.

La Brigada, bajo el liderazgo de Martha Vives, ha capacitado a personal de salud en Bogotá, Cundinamarca y Putumayo. Se encarga, además, de tomar muestras a poblaciones específicas de algunos convenios. Cada tres semanas se hacen la prueba PCR. En seis meses ninguno de estos brigadistas ha dado positivo para COVID-19.

El desafío inicial de adaptar los tiempos académicos y administrativos de la Universidad al ritmo de la emergencia se superó. La comprensión de Covida como un proyecto de investigación y, al tiempo, de vigilancia en salud pública ya empieza a dar resultados y los hallazgos comienzan a divulgarse en el Boletín Epidemiológico y en cápsulas informativas. Ahora, los análisis producidos por Covida están disponibles también en la Secretaría Distrital de Salud. Observatorio de Salud de Bogotá-SaluData.

Ante la nueva situación, el proyecto sigue adaptándose, sin apartarse de sus objetivos. Por ello, desde octubre está abierta una convocatoria amplia, bajo criterios epidemiológicos y estadísticos, a personas que han reanudado sus actividades laborales detenidas durante la cuarentena. Además de las ocupaciones inicialmente contempladas, se reconoce que ante la apertura de actividades hay más personas en riesgo de contagiarse y de contagiar a otros. Es mucho lo que aún se desconoce del virus SARS-CoV-2. Y como dijo Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, el 5 de octubre: “Todas las situaciones pueden dar la vuelta. Y lo logrado con tanto esfuerzo puede perderse fácilmente”. La epidemia no ha terminado y todavía hay mucho por investigar.