Hipopótamos: el dilema de controlar una especie carismática e invasora

Foto de un hipopótamos

La historia es conocida. Pablo Escobar trajo cuatro hipopótamos a Colombia en los 80. Unos escaparon de su Hacienda Nápoles (Antioquia) tras la muerte del jefe del Cartel de Medellín y, décadas después, el artículo “Un hipopótamo en el cuarto” —publicado en la revista Biological Conservation—, revivió el debate sobre la expansión de esta especie en el Magdalena y las medidas para frenarla. ¿Qué tener en cuenta a la hora de tomar una decisión sobre una especie invasora?

 

“A veces tengo la sensación de que la gente piensa que nosotros planteamos el artículo para justificar una ‘sed de matanza’ de los hipopótamos y porque nos parece lo más fácil, cuando fue todo lo contrario —afirma Nataly Castelblanco, doctora en Ecología y Desarrollo Sustentable de El Colegio de la Frontera Sur (México) y autora principal del estudio ‘Un hipopótamo en el cuarto’—. El ejercicio académico que hicimos fue tratar de buscar elementos para que el debate sobre qué hacer con esta especie invasora se cimente en razones técnicas y científicas más que en la emocionalidad”.

Y es que para ella y los demás autores del escrito es imperativo actuar en este momento porque en unos años puede ser demasiado tarde, dado que el crecimiento exponencial de estos animales trae consigo cambios dañinos para los ecosistemas. Sus cálculos, basados en los modelos probabilísticos de Análisis de Variación de la Población, indican que de cuatro individuos iniciales, un macho y tres hembras, se pasó a alrededor de 100 que hoy circulan libres en el Magdalena Medio. Una cifra similar a la de trabajos previos que hablaban de unos 85.

El artículo, en el que participaron la Pontificia Universidad Javeriana, el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional y el Instituto Humboldt, concluye que la extracción de 30 hipopótamos por año es la única solución efectiva para controlar la especie en poco más de una década. “Con una tasa de extracción anual de 20, la población disminuye hasta el año 2042, pero luego se recupera y alcanza los 1.500 individuos”.

Cuando hablan de extracción se refieren a expulsarlos de los ecosistemas invadidos con una mezcla de acciones como su castración y reubicación en zoológicos y hábitats controlados, cuando sea posible, o el sacrificio o caza de control en casos particulares.

En la orilla contraria, los conservacionistas compasivos (entre ellos movimientos animalistas) sostienen que el sacrificio debe ser la última opción y es preciso estudiar y privilegiar otras alternativas, sin importar el costo económico. Aquí también hay voces a favor de la castración como única medida de control —esperan que los animales mueran de forma natural— y otras que promueven la no intervención para que el ecosistema se adapte solo.

Sin embargo, el biólogo Daniel Cadena, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes, llama la atención sobre el costo de esperar a que en el largo plazo el ecosistema se ajuste a la presencia de una especie exótica invasora. En el entretanto, muchas otras se verán desplazadas, estarán en peligro de extinción o desaparecerán, sumado a las consecuencias económicas y sociales que esto traería.

Debates éticos en decisiones difíciles

En medio de las posiciones enfrentadas sobre las alternativas de control de esta y otras especies invasoras hay un conflicto de intereses entre dos formas de aproximarse al mundo: las éticas ambiental y animal. ¿Cómo encontrar una solución?

Andrea Lehner, magíster en Filosofía de Los Andes y doctora en Estética de la Universidad de París X Nanterre, interesada en el estudio filosófico de la relación humano-naturaleza, explicó en el foro Hipopótamos en la Sala organizado por la Universidad de los Andes y la Pontificia Universidad Javeriana a mediados de febrero, que la diferencia se da por el lugar en el que ambas corrientes ubican el centro de valor —o los elementos a los que les dan más importancia— a la hora de hacer un balance ético para tomar decisiones.

Para el grupo de los científicos de la conservación —según el análisis de Lehner, profesora de Filosofía de Los Andes— ese centro está en la biodiversidad, la integridad del ecosistema, las poblaciones y comunidades como un todo, desde una lógica bio-eco-socio-lógica con toma de decisiones informada por estudios empíricos y modelos científicos. Mientras que los conservacionistas compasivos ubican como centro los intereses de los individuos sintientes y el bienestar animal, desde una lógica humanista con toma de decisiones informada por valores culturales.

En otras palabras, el debate está en qué proteger: el ecosistema como un todo —con su diversidad y servicios ambientales (o beneficios que aporta a la sociedad, como la pesca)— y, además, la seguridad de las personas (es el mamífero que más humanos mata en África) o los individuos (en este caso, los hipopótamos).

Para Castelblanco, bióloga de la Universidad Nacional, magíster en Biología de Agua Dulce y Pesca Interior del Instituto Nacional de Pesquería de la Amazonía e investigadora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México, la respuesta es fácil: “Como ecóloga y bióloga de la conservación, si me ponen a escoger, me inclino por preservar el ecosistema, que además se encuentra muy presionado e impactado por muchísimos otros factores; y a sus especies nativas, muchas de las cuales ya están en peligro de extinción. Como persona tengo un dilema interno porque no me parece bonito salir a matar animales, pero toca hacer algo”.

“Llevamos 30 años dándole largas al problema y la información es suficiente para actuar: tenemos estudios sobre la tendencia de crecimiento, la baja efectividad de la esterilización para controlar el crecimiento poblacional, los impactos físicos y químicos en el agua de los ambientes donde viven en África. Pero sospecho que no se ha tomado una decisión por no querer asumir los costos políticos y ante la opinión pública que puede traer “, reflexiona Daniel Cadena, decano de la Facultad de Ciencias de Los Andes.

En contraposición, para los conservacionistas compasivos y animalistas, cada hipopótamo es importante porque son seres sintientes, con un sistema nervioso central desarrollado. “En una aproximación como especie, los animales son tratados como recursos, sin tener en cuenta a cada individuo, su capacidad de sentir dolor, sus hábitos y proyección”, explica Carlos Andrés Muñoz, profesor de la Universidad Simón Bolívar y director de Abogato Jurídico (firma de abogados dedicada al derecho animal).

“Acá no cabe una aproximación utilitarista con la solución que cueste menos y sea menos dañina, más teniendo en cuenta que el problema es producto de la negligencia del Estado colombiano”, afirma categóricamente el abogado y filósofo de la Universidad Libre con maestría en Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana. “Los animales no tienen por qué pagar las consecuencias”. En caso de que se decida que es necesario sacrificar a algunos individuos, su llamado es a garantizarles una muerte sin dolor.

A la par del debate entre los expertos, los habitantes del Magdalena Medio tienen visiones encontradas sobre los hipopótamos. Julio Marín, líder comunitario y coordinador en campo de distintos proyectos medioambientales de la Fundación Biodiversa Colombia, resaltó en el foro de Los Andes que los hipopótamos son animales nobles y mansos que han traído el beneficio del turismo ecológico. Con algunas comunidades cercanas a la Hacienda Nápoles favorecidas con la presencia de estos animales, se opone a las soluciones más radicales.

Otra es la percepción de comunidades de pescadores que manifiestan vivir en la zozobra. Álvaro Molina y Nolberto Angulo le contaron a Eldiario.es de España sus experiencias con estos animales. El primero terminó en las aguas del río Magdalena cuando un hipopótamo volcó su canoa, mientras que el segundo recordó que por los peligros que representan al estar todo el tiempo sumergidos bajo el agua, las faenas de pesca nocturna han sido casi suspendidas.

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Proyección de expansión

Los modelos tienen en cuenta las características específicas de la especie y de la zona que habita, mezclando información de cuando está en libertad y en cautiverio con las condiciones de los ecosistemas en donde se encuentra. El punto de partida es un macho y tres hembras —liberados en 1993—, una estrategia de manejo de esterilización de cuatro machos y dos hembras entre 2011 y 2019 y 500 simulaciones para conocer distintas posibilidades.

Según sus proyecciones, la esterilización y castración es insuficiente si es la única acción implementada. Aun cuando se logre intervenir a 16 individuos por año, sin tener en cuenta las complejidades y costos, el crecimiento exponencial se retrasaría únicamente unos años: en 2045 se alcanzarían los 614 individuos y en 2035 los 1.201, con 332 nacimientos en ese último año. A esto se le deben sumar los impactos ambientales que seguirían ocasionando mientras vivan libres en la región.

“Estos modelos tienen un rango de error a la hora de determinar el número exacto de individuos, pero no para la tendencia de crecimiento, la cual es predicha con bastante exactitud”, explica Nataly Castelblanco.

 

Animales carismáticos y debate público

La discusión actual difiere de las que se han mantenido sobre otras especies invasoras, como el pez león o el caracol gigante africano, en las cuales las políticas de control y exterminio fueron rápidamente aceptadas. La razón es que los hipopótamos entran dentro de la categoría de carismáticos, con una imagen positiva dentro del imaginario de parte de la sociedad.

“La idea que tenemos de ellos viene de los zoológicos o de libros y películas infantiles, peluches y cuentos. Tenemos una imagen positiva como sociedad porque, además, los muestran con grandes sonrisas e indefensos. A esto se suma que es un animal llamativo por su tamaño y porque parece único, en el cual podemos reconocer comportamientos muy humanos, como cuando hay una madre con su cría. Contrario a lo que ocurre en África, en donde los reconocen como agresivos”, asevera Alejandra Echeverri, investigadora posdoctoral en el Proyecto de Capital Natural de la Universidad de Stanford (EE. UU.), quien ha estudiado la relación humano-naturaleza y el impacto positivo y negativo de cada una de las partes en el bienestar de la otra desde áreas del conocimiento como la psicología de la conservación.

A la hora de proponer las estrategias de manejo, la bióloga de Los Andes recomienda traer todas las perspectivas al debate, incluyendo las historias positivas y negativas, tanto locales como extranjeras, para comprender las ventajas y los riesgos a futuro que se enfrentan.

Y es que, según ella, gran parte de este diálogo público se está desarrollando entre los más citadinos que desconocen las especies nativas de la región, que también pueden encontrarse en riesgo: “¿Cuántos de nosotros podemos nombrar 5 peces de la zona o 5 animales distintos de esos hábitats? Pero sí podemos reconocer a los hipopótamos, sin siquiera haber crecido con ellos”.

Esto ha llevado a que el debate en redes sociales haya alcanzado altos niveles de agresión, con el bloqueo de los argumentos contrarios. Nataly Castelblanco, por ejemplo, tuvo que cambiar el estado de su cuenta de Instagram de público a privado porque hasta allá le llegaron mensajes ofensivos en donde alcanzaban a “sugerirle” el suicidio y la muerte de su familia como alternativa a la caza de los hipopótamos. En su cuenta de Twitter también ha recibido numerosas ofensas y críticas en distintos idiomas.

“… sigo convencida de que los científicos tenemos que asumir un rol crítico en incidir en decisiones ambientales y en comunicar la ciencia. La pedagogía en redes es quizás lo más básico que todos deberíamos hacer. Pero es ingrata, colegas, les cuento”, tuiteó.

Sin posibilidad de regresar a casa

Aunque se ha contemplado su envío de vuelta a África, expertos como Nataly Castelblanco lo desaconsejan porque su genética se encuentra atrofiada debido a la alta endogamia. Así mismo, pueden ser portadores de enfermedades desconocidas por sus pares africanos, poniendo en riesgo la población local si son introducidos en su hábitat natural. Además, los cuatro especímenes originales no provienen de ese continente, sino de un zoológico en Nueva York.

 

La Estrategia Nacional para el Manejo del Hipopótamo

El 20 de marzo de 2021, el Ministerio de Ambiente anunció la creación de la Estrategia Nacional para el Manejo del Hipopótamo, la cual se ha planteado un plazo de cinco meses para establecer una hoja de ruta. Su objetivo es conocer a profundidad los riesgos sociales y ecológicos en la región; caracterizar las actitudes y percepciones de las poblaciones locales y hacer un estudio poblacional para comprender la distribución de la especie y su hábitat.

Está a cargo de científicos del Instituto Humboldt y la Universidad Nacional, con apoyo de expertos de la Universidad Jave­riana, la Universidad de Antioquia y la Cor­poración Autónoma Regional de las Cuen­cas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), con la participación de los autores del estudio y las comuni­dades locales.

“Nadie, por supuesto, desea acabar con estos animales hermosos, que son seres sintientes y no tienen la culpa de estar ahí —concluyó Daniel Cadena, doctor en Biología de la Universidad de Missouri (EE. UU.)— pero nos enfrentamos al dilema de que tenemos que hacer algo con ellos. No podemos darle más largas al problema. Las acciones deben ser discutidas y estudiadas, pero implementadas pronto”.

 

Un ingeniero ecosistémico

A raíz de décadas de trabajos en África, se reconoce a este animal como un ingeniero ecosistémico, por su gran tamaño y costumbres, con la capacidad de modificar los hábitats en donde se encuentra. Al repartir su día bajo el agua y en tierra, transforma las características químicas de los cuerpos de agua por dos razones principales: mueve grandes cantidades de sedimentos y nutrientes a su paso, y allí deposita parte de sus heces y orina. Esto puede alterar sustancialmente la estructura del ecosistema, afectando a unas especies y beneficiando a otras.

Fuente: “A hippo in the room: Predicting the persistence and dispersion of an invasive mega-vertebrate in Colombia, South America”, publicado en Biological Conservation.

 

Foro Conjugando Ciencias: Hipopótamos en la Sala