Portada especies invasoras
Ilustración: Faver Rodríguez

El alto precio de mover especies

El pez león, que se ha expandido por el mar Caribe; un hongo asiático, que amenaza a los anfibios de América Latina y Australia –principalmente–; una especie de coral del océano Índico, que a pesar de su belleza puede arrasar con la biodiversidad de los ecosistemas a los que llega, y un pez asiático –modificado genéticamente–, que quiere ser impulsado en la economía colombiana, son cuatro ejemplos de especies que se convierten en invasoras al ser transportadas a ecosistemas distintos a sus hábitats. ¿Qué papel juega el ser humano en todo esto?

Por César Orozco Carrillo
ce.orozco@uniandes.edu.co

El piecito de una mata que cortamos en un país extranjero para sembrarlo en nuestro patio, una mascota exótica que creció mucho y abandonamos en el campo porque ya no podemos tenerla en casa, unas botas mal lavadas después de visitar un bosque o el simple transporte marítimo de mercancías pueden traer consecuencias catastróficas para la naturaleza.

Esos comportamientos que muchas veces creemos inocentes, en realidad, pueden causar estragos en los hábitats y romper su equilibro natural, alcanzado con millones de años de evolución. Cuando organismos vivos son introducidos en un nuevo ecosistema tienen el potencial de convertirse en especies invasoras y actuar como depredadoras que consumen grandes cantidades de recursos.

“Se ha demostrado que muchas de esas especies vienen con unas estrategias de defensa muy particulares que les otorgan ventajas frente a las locales. Incluso, pueden ser una especie común y corriente en su lugar de origen, pero, bajo otras condiciones, comienzan a jugar un papel totalmente diferente”, explica Jorge Molina, biólogo y director del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes.

Gracias a esas estrategias defensivas logran evadir a sus potenciales depredadores, incrementando sus niveles reproductivos y devorando distintas especies a su paso. Plantas y animales nativos pueden empezar a transitar el camino a su extinción, la biodiversidad puede ser destruida y el hábitat alterado de manera permanente por efectos directos e indirectos. Las secuelas en la economía local serían enorme.

Para que sean consideradas especies invasoras deben salirse “de su rango original, es decir, que sea imposible que naturalmente lleguen al lugar en el cual puede convertirse en depredadoras. Esta es una de sus características principales”, complementa Juan Armando Sánchez, biólogo marino e integrante del capítulo Océanos y Recursos Hidrobiológicos de la Misión Internacional de Sabios 2019. Esta fue convocada por el Gobierno para formular recomendaciones sobre cómo debe avanzar Colombia en ciencia, tecnología e innovación para lograr un desarrollo sostenible e inclusivo.

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Detrás de la mayoría de estas migraciones está la mano humana. Se necesita que el hombre las traslade de un lugar a otro, lo que puede ocurrir por tres vías principales: desconocimiento, accidente o intereses económicos.

Para Molina, doctor en Neurofisiología de la Universidad de Göttingen (Alemania), esto es consecuencia de la globalización, pero toca aprender a vivir con ello: “Uno tiene que ser, hasta cierto punto, realista. Los avances de la globalización no van a detenerse, por lo cual lo importante es establecer unas políticas internacionales, nacionales y locales que ayuden a regular y a enseñarles a las personas que no es bueno trasladar especies de plantas, flores y animales entre regiones. Antes era normal ver a la abuela o a una tía llevarse un piecito de una planta de un lugar a otro. Eso estaba bien cuando no conocíamos todas las consecuencias, pero ahora no. Más que una estrategia policiva, debe enseñarles cuál es la repercusión de mover individuos y que hay cosas que no pueden hacerse”.

Los casos del pez león, un hongo asiático que se ha esparcido por los cinco continentes, el coral copo de nieve y el pez basa sirven para entender mejor estas consecuencias. El impacto de su llegada a los distintos ecosistemas ya es visible.


La mascota exótica

Pez león
Ilustración: Faver Rodríguez

Datos – pez león

Nombres científicos Pterois volitans, Pterois miles
Región de origen Indo-Pacífico
Consecuencia Reducción de especies de peces nativas y desbalance de los arrecifes coralinos.

 

“La gente no sabe que lo que se mueve son genes. Al trasladar un pez de un río a otro, por más que allí exista la misma especie, se puede estar produciendo una mezcla genética que causaría problemas, tanto para el espécimen que se suelta como para las poblaciones locales”, asegura Molina.

El pez león, una especie nativa del Indo-Pacífico, es uno de los mejores ejemplos de estas mascotas exóticas que se salen de control. De acuerdo con el Servicio Nacional de Pesca Marina de EE. UU., a mediados de los 80 ocurrió el primer avistamiento de un pez león en las costas de la Florida. Tres décadas después, se ha expandido por el Atlántico, el Golfo de México y el mar Caribe. En Colombia ha sido reportado a lo largo de toda la costa atlántica y en San Andrés y Providencia.

Se cree que los primeros especímenes fueron introducidos a Florida por coleccionistas que los tuvieron al principio como mascotas y luego los liberaron. A esto se sumó que, en 1992, con la inundación de varios acuarios privados por el paso del huracán Andrew fueron liberados los que estaban allí en cautiverio. Finalmente, por medio del agua de lastre de los buques también pudieron llegar más peces.

“Se sabe que el pez león era una especie común y corriente en su hábitat natural y que, gracias a sus mecanismos de defensa, ha logrado evadir a los grandes depredadores del Caribe colombiano, lo que ha facilitado su reproducción”, explica Jaime Molina.

Según un estudio de la Universidad del Estado de Oregón (EE. UU.), una hembra produce por desove hasta 30.000 huevos cada cuatro días y desova tres veces al mes; con ello puede provocar la reducción de un 80 % de la población de peces nativos en un coral aislado, ya que se come a los pequeños —algunos sirven para mantener el balance natural del medio, como aquellos que mantienen controlada la expansión de las algas—.

Como no tienen depredadores naturales, distintos proyectos impulsan su pesca y consumo como método de control, aunque queda mucho trabajo por hacer.

Expansión del pez león 1985-2020


El hongo asiático y los anfibios en América Latina

Hongo asiático
Ilustración: Faver Rodríguez

 

Datos – hongo asiático

Nombres científicos Batrachochytrium dendrobatidis, Batrachochytrium salamandrivorans
Región de origen Bosques asiáticos
Consecuencia Declive de especies nativas, principal sustento económico de pescadores.

 

Un hongo originario de Asia está diezmando la población de anfibios en toda América Latina, desde México hasta Argentina. El Batrachochytrium ha causado el declive de 501 especies en el mundo, 428 de ellas en Latinoamérica, incluyendo 90 que hoy son consideradas extintas. En los últimos cincuenta años, la cuarta parte de las especies afectadas perdió el 90 % de su población, según el estudio «Panzoótico fúngico en los anfibios causa una pérdida catastrófica y continua de la biodiversidad» de la revista Science.

“El hongo pudo haber llegado por accidente”, comenta Pablo Palacios, investigador de la Universidad de los Andes y coautor —junto con 40 científicos de todo el mundo— del artículo que analizó su impacto en 60 países. “Un turista que visitó un bosque chino en donde se encontraba el Batrachochytrium pudo traerlo a América si no lavó bien sus botas y utensilios, aunque el tráfico de fauna silvestre también pudo haber jugado un papel importante en su expansión”, agrega.

Para él, es necesario adquirir una mayor conciencia ambiental y de biodiversidad y prestar más atención a los científicos. Los gobiernos podrían hacer campañas internacionales sobre lo que se debe hacer para cuidar el medio ambiente. “Un turista recibe información sobre lo que debe pagar, pero no acerca de lo que debe hacer como protección, no sabe qué cuidados debe tener, cuál es el nivel de asepsia necesario para evitar este tipo de situaciones”, asevera.

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En este caso, el ser humano sirvió como vector para esparcir por todo el mundo un patógeno que ya se ubica entre las principales especies invasoras, comparable con los roedores (que amenazan a 420 especies) y los gatos (a 430) y representa la más grande pérdida de biodiversidad atribuida a una enfermedad, de acuerdo con el artículo científico.

“El hongo provoca una enfermedad muy virulenta que afecta a ranas, sapos, batracios, salamandras y todo tipo de anfibios. Está contribuyendo a la llamada Sexta Extinción Masiva de Especies en la Tierra”, explica Palacios, doctor en Ciencias Biológicas de Los Andes.

La enfermedad, conocida como quitridiomicosis, ataca la piel de los anfibios e impide que regulen correctamente el agua y los electrolitos, lo que ocasiona un fallo cardiaco. Solo el 12 % de las especies infectadas muestra signos de recuperación, mientras que el 39 % sigue experimentando un declive.

Los Batrachochytrium dendrobatidis y Batrachochytrium salamandrivorans han golpeado con mayor fuerza a las especies de Meso y Suramérica

“Los anfibios son vitales en el ecosistema porque ayudan a controlar la expansión de otras especies como los mosquitos, que son vectores de enfermedades, tanto en el agua como en la tierra. Además, gracias a que respiran a través de la piel, son buenos indicadores de la calidad de los ecosistemas, ya que se encuentran en ambientes sanos”, aclara Palacios. También “tienen un alto potencial para la bioprospección, sirven para estudios de alcaloides y otras investigaciones que pueden ser muy beneficiosos para la salud. Y eso que todavía nos falta mucho por estudiar para comprenderlos mejor”.

La región más afectada es América, albergue de una tercera parte de las 8.000 especies conocidas de anfibios. En Colombia, una investigación liderada por Victoria Flechas —también doctora en Ciencias Biológicas de Los Andes y coautora del artículo de Science­— encontró dos especies de ranas que coexisten con el hongo: sabanera (Dendropsophus labialis) y cohete (Rheobates palmatus), gracias a su microbiota y péptidos de defensa. De ello da cuenta un artículo publicado en The ISME Journal, en el que se concluye la necesidad de nuevas investigaciones para una mejor comprensión de este fenómeno que lleve a desarrollar estrategias de control contra la quitridiomicosis.

“Controlar un virus, una bacteria o una enfermedad infecciosa es muy difícil. Si no hemos logrado dominar al coronavirus que afecta a los humanos, tampoco podremos controlar otras enfermedades que contraen otras especies, de las cuales es muy poco lo que se sabe”, concluye Palacios.

El declive ha sido proporcional a la abundancia taxonómica de las especies

Las Anurans, a las que pertenecen el 89 % de los anfibios, tienen el 93 % del declive. Entre ellas, las más golpeadas con disminuciones entre el 45 % y la presunta extinción se encuentran las especies neotropicales Atelopus, Craugastor y Telmatobius.

Las Atelopus representan el caso más dramático, con una treintena de especies presumidas como extintas y una veintena más con una reducción mayor a 90 %.


El coral que viajó en barco

Coral copo de nieve
Ilustración: Faver Rodríguez

 

Datos – coral copo de nieve

Nombre científico Carijoa riisei
Región de origen Oeste del Atlántico e Indo-Pacífico
Consecuencia Declive de especies de corales nativos

 

Juan Armando Sánchez, biólogo marino y líder del Grupo de Investigación en Biología Molecular Marina (Biommar) de la Universidad de los Andes, ha dedicado parte de sus investigaciones a la invasión del coral Copo de Nieve, una especie originaria del Indo-Pacífico, que también se encuentra en el Atlántico colombiano y que se cree llegó al Pacífico sudamericano por agua de lastre.

Los barcos, para mantener unas condiciones seguras durante los viajes, succionan y liberan grandes cantidades de agua para compensar los cambios de peso como consecuencia de los distintos niveles de carga que transportan. Esto es conocido como agua de lastre y ha servido para transportar numerosos microorganismos alrededor del mundo.

Por medio de análisis filogéneticos se logró establecer que una invasión de este espécimen en el Pacífico Occidental colombiano provenía del Atlántico Tropical, muy posiblemente habría atravesado el Canal de Panamá en el agua de lastre de algunos barcos.

“Aunque recientemente se han tomado medidas de bioseguridad en algunos países, es un sistema que lleva en ejercicio décadas. Larvas, fragmentos y adultos de organismos marinos llegan generalmente vivos al lugar donde los barcos desocupan sus tanques de agua de lastre”, asegura Sánchez.

El Copo de Nieve se ha mostrado inofensivo en el Atlántico colombiano. Caso contrario a lo ocurrido en Hawái o el Pacífico, donde ha expulsado otras especies, logrando un mayor tamaño y expansión, y ha causado una mayor mortalidad en los corales nativos.

“Tiene una asociación con una esponja citotóxica que lo recubre. A lo que se le acerque le va generando necrosis hasta que se posesiona del nuevo tejido”, explica Sánchez. En Hawái, la invasión desplazó a los corales negros que eran cultivados para joyería, ocasionando un fuerte impacto en esta economía local.

A diferencia de las invasiones de especies en tierra, en los océanos se presume que las repercusiones son menores y los ecosistemas logran adaptarse al cambio con mayor facilidad, aunque todavía faltan más investigaciones para comprender sus efectos a futuro.


Un pez para domesticar por decreto

Ilustración del pez basa
Ilustración: Faver Rodríguez

 

Datos – pez basa

Nombre científico Pangasianodon hypophthalmus o Pangasius hypophthalmus
Región de origen Ríos Mekong y Chao Phraya (Asia)
Consecuencia Declive de especies nativas, principal sustento económico de pescadores

El caso del pez asiático basa, que llegó a Colombia de la mano de la acuicultura, es otra muestra de cómo una especie foránea puede convertirse en invasora. El Pangasius hypophthalmus es considerado un pez de baja calidad, pero fue introducido al país de manera ilegal por piscícolas en Valle de Cauca, Huila, Meta y Santander por su bajo costo de producción y rápido crecimiento; una hembra puede dejar hasta 50.000 huevos por kilogramo en el desove, según el Instituto Humboldt.

“El pez basa es originario del río Mekong. Allí fue domesticado y mejorado genéticamente, convirtiéndose una de las especies que crece más rápido en cultivo. Aunque sus características la hacen ideal para el negocio, es también una amenaza si se pone a competir con las especies de un ecosistema natural”, afirma Juan Armando Sánchez, doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad de Nueva York en Búfalo (EE. UU.).

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Ya han sido capturados especímenes en el Magdalena, por lo cual se presupone que podría expandirse rápidamente por todas las tierras bajas de su cuenca, ya que suele alimentarse de todo lo que encuentra, tiene una elevada tasa de reproducción, un rápido crecimiento, tolerancia a condiciones ambientales extremas y es migratoria. Estas condiciones representan una ventaja frente a las especies nativas, las cuales pueden verse desplazadas e incluso disminuidas, un potencial problema para los pescadores de la región.

Gracias a sus excelentes perspectivas económicas, las autoridades nacionales han intentado domesticarlo por decreto e impulsar su crianza legal en el país, algo que ya ocurrió con la tilapia y la trucha, recuerda el profesor del Departamento Ciencias Biológicas de Los Andes.

Esta puerta fue abierta por medio del Decreto 1780 de 2015, expedido por los ministerios de Agricultura y Desarrollo Rural, de Comercio, Industria y Turismo y de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, mediante el cual se autoriza que especies introducidas al país sean declaradas domesticadas para fines de piscicultura.

“Hay muchos productos del mercado que tienen que ver con las especies invasoras. Algunas entran disfrazadas de solución económica, como es el caso de los caracoles gigantes africanos, pero terminan convirtiéndose en grandes amenazas ambientales”, concluye.