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Un arquitecto de la economía en Colombia

Foto: Roger Triana – Archivo Universidad de los Andes

La estructura económica del país le debe mucho a este profesor de la Universidad de los Andes fallecido en septiembre de 2019 en Boston (Estados Unidos). Es reconocido a nivel internacional por sus aportes a la academia y al sector público en Colombia.

Cuando Guillermo Perry debió escoger una carrera universitaria le gustaban la literatura, las matemáticas y la filosofía, en ese orden. Pero descartó la primera porque siempre le pareció “demasiado hermosa como para volverla una profesión de la cual uno viviera”, según le contó a Isabel López Giraldo en una entrevista que publicó el diario El Espectador y que reprodujo a propósito de su muerte repentina.

El gusto por las letras no lo abandonó nunca. Era lector voraz de toda clase de novelas y escritor inédito de cuentos y poemas, aunque se graduó de ingeniero industrial de la Universidad de los Andes, se doctoró en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y ocupó altos cargos en los sectores público y privado.

Fue ministro de Hacienda y de Minas y Energía en dos gobiernos distintos, director e investigador de Fedesarrollo, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente en 1991, senador por el partido Liberal, no sin antes haber coqueteado con la izquierda; subdirector de Planeación Nacional, y economista jefe para América Latina y el Caribe en el Banco Mundial, entre múltiples cargos.

Guillermo Perry fue uno de los arquitectos del modelo económico colombiano en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

También tuvo tiempo para la academia, sobre todo en Los Andes. Allí fue miembro del Consejo Superior, docente de la Facultad de Economía, director del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico y profesor Distinguido de esa facultad durante los últimos ocho años.

Sus colegas no ahorran elogios para referirse al legado de este boyacense que no concebía la vida sin la cultura y era un viajero incansable. Admiran su inteligencia, su claridad mental, su carácter gocetas, sus críticas agudas y su capacidad para influir en la definición de las políticas públicas.

Cuando decidió no estudiar literatura estaba seguro de que siempre escribiría. Lo hizo hasta el final de su vida. Sin saber que era una despedida, decidió compilar sus memorias que recogen 50 años de historia económica en Colombia en su última obra, Decidí contarlo, publicada un mes antes de su fallecimiento. Sin duda, uno de sus mayores legados.