Razones para regresar al campus

“Un ambiente enriquecedor y las posibilidades de interacción con pares hacen parte primordial de la experiencia universitaria cuyos efectos sobre las habilidades humanas fundamentales son significativos”.

 

Por Raquel Bernal
Vicerrectora académica

El 13 de octubre reabrimos el campus para nuestras actividades académicas. Las instalaciones han sido adecuadas para cumplir todos los protocolos de bioseguridad y se han implementado los procesos indispensables para viabilizar el regreso de nuestros miembros. Si bien esperábamos que unos 5.000 estudiantes volvieran al campus a clases semipresenciales, la ocupación de las primeras semanas no ha sobrepasado el 8 % de ese estimativo. Durante los últimos siete meses, todos hemos aprendido a interactuar en la virtualidad, en algunos casos, de manera muy exitosa. Los estudiantes han reportado ventajas importantes como mayor flexibilidad y ahorros de tiempo y dinero. Sin embargo, es muy importante para la formación y el bienestar de nuestra comunidad que profundicemos nuestro regreso al campus y no lo pospongamos de manera indefinida.

Primero, la adolescencia y adultez temprana se reconocen como un segundo período de “sensibilidad” del cerebro durante el cual ocurre un proceso de reorganización y fortalecimiento de funciones humanas fundamentales. Este órgano contiene cerca de 86 billones de neuronas, cuyas conexiones entre sí determinan todas las funciones cognitivas, físicas y emocionales. Se estima que el cerebro tiene un millón de billones de conexiones que surgen principalmente en respuesta a los estímulos externos a los que se expone una persona.

Alrededor de los dos años de edad, el ser humano tiene el doble de conexiones neuronales que un adulto porque hay una producción excesiva. A partir del comienzo de la primera década de vida ocurre un proceso de poda de conexiones a través del cual se seleccionan las más sólidas. Por esta razón, algunos neurocientíficos definen la adolescencia y adultez temprana como un período de reorganización del cerebro. Durante esta etapa también hay un desarrollo sustancial de la corteza prefrontal de ese órgano, a cargo de funciones cognitivas complejas como la toma de decisiones, la capacidad de planeación, la autorregulación, la interacción social y la conciencia de sí mismo.

Foto de Sénea con tapabocas
Foto: Felipe Cazares

Este proceso de fortalecimiento y reorganización del cerebro requiere ambientes enriquecedores, oportunidades de aprendizaje y apoyo emocional. Las investigaciones reportan que a partir del final del período de adolescencia e inicio de adultez temprana el relacionamiento con pares es fundamental para consolidar algunas capacidades humanas como la interacción social, el reconocimiento de otros y la conciencia de sí mismo, la evaluación de emociones propias y ajenas, las habilidades de comunicación, de entender la perspectiva de otra persona y de colaborar, y la capacidad de confiar. Este ambiente enriquecedor y las posibilidades de interacción con pares hacen parte primordial de la experiencia universitaria cuyos efectos sobre las habilidades humanas fundamentales son significativos.

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Segundo, el aislamiento y la falta de interacción social pueden tener consecuencias profundas sobre la salud mental. El sentido de felicidad y bienestar está íntimamente ligado a la posibilidad de relacionarse con otras personas y la capacidad de formar relaciones significativas. En ese sentido, la limitación a establecer esas relaciones con pares, en ausencia de actividades presenciales, puede impactar el bienestar físico y mental de los estudiantes y de los demás miembros de la comunidad. El objetivo principal de la semipresencialidad en el campus es permitir estas interacciones y facilitar la socialización indispensable para la percepción de bienestar. Todo esto es factible cumpliendo los protocolos de bioseguridad, y generando la confianza de que somos personas responsables preocupadas por el cuidado propio y el de los demás.

Foto del lavado de manos en el campus
Foto: Judy Pulido

Finalmente, la virtualidad ha afectado diferencialmente a nuestra comunidad con una carga quizás más alta para estudiantes más vulnerables y con situaciones económicas y familiares más complejas. Durante los últimos meses ha sido claro que no es fácil garantizar condiciones homogéneas para el aprendizaje en la virtualidad. Entre otros factores, se enfrentan limitaciones relacionadas con la conectividad, los espacios disponibles y las responsabilidades adicionales en las familias. En este sentido, es particularmente importante que los estudiantes en condiciones más difíciles puedan acceder a los recursos del campus en donde podemos garantizar oportunidades de aprendizaje más homogéneas para todos.

La implementación de protocolos de bioseguridad y la manera como hemos dispuesto la vuelta a clase tienen la intención de minimizar riesgos, no eliminarlos por completo. Eso sería imposible. Cada detalle ha sido pensado para mitigar el riesgo hasta donde sea posible. Con la contribución de cada miembro de esta comunidad para pensar en el bienestar común, podemos lograr un retorno gradual y lo más seguro posible. Los invitamos a regresar, es importante.