Para aprender, cualquier edad es buena

Pese a su naturaleza cambiante, el ser humano tiene la necesidad permanente de aprender. La curiosidad, las imposiciones de actualización laboral o de adaptación al entorno o el simple gusto personal encuentran en la educación continua una respuesta para satisfacer esas demandas. Luna, Juliana y Marisol, tres estudiantes con edades, saberes y gustos distintos, cuentan su experiencia.

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“Loro viejo no aprende a hablar” dice un popular pero falso refrán. La ciencia ha demostrado que un cerebro que se mantiene activo no solo tarda más en desarrollar enfermedades neurodegenerativas, sino que puede adquirir habilidades y asimilar nuevos conceptos a cualquier edad.

No importa que su interés sea un segundo idioma, el yoga, la cata de vinos, el papel de la mujer en un período histórico, las guerras o el software. Siempre podemos ampliar el conocimiento, satisfacer la curiosidad o desarrollar o recuperar destrezas para responder al entorno laboral. En todos los casos se trata de ejercitar las neuronas para que las conexiones entre ellas se mantengan flexibles.

Diana Betancourt, directora de Educación Continua (EDCO) de la Universidad de los Andes, explica que un factor clave para poner en marcha este tipo de entrenamiento es la autodisciplina, dado que los programas exigen altas dosis de autonomía de los estudiantes. Pero los niños, por ejemplo, también necesitan acompañamiento, porque aún no saben trabajar solos.

Cursos virtuales y presenciales de Educación Continua Uniandes

Otro elemento esencial es tener claro el motivo que nos impulsa a tomar un curso (una actualización, el desarrollo de una habilidad, un gusto, una competencia); así como cuál es el área de interés (arte, ciencias o humanidades). La suma de ambas variables da como resultado un mayor compromiso del estudiante.

En esta época de pandemia la totalidad de las clases de Educación Continua en Los Andes se está impartiendo en modalidad virtual, lo que significa que los participantes deben contar con conexión a internet y tener conocimientos muy básicos del manejo de las plataformas y las herramientas digitales. Pero también reciben más beneficios: pueden asistir varios integrantes de la familia con una sola matrícula, lo que fortalece los lazos intergeneracionales; hay interacción con personas de distintas edades y de diferentes partes del mundo; el profesor de ayer puede ser el compañero de hoy, y la oferta de charlas, seminarios web y conferencias gratuitas es amplia.

“Durante la cuarentena, como Universidad buscamos ofrecer a toda nuestra comunidad diferentes espacios de aprendizaje. Fortalecimos líneas temáticas como liderazgo, actualización profesional, bienestar, calidad de vida, artes, ciencias y humanidades, a través de nuestros cursos y así mismo realizamos actividades gratuitas como nuestro ciclo de conferencias online”.
Diana Betancourt

Luna, Juliana y Marisol han sido estudiantes EDCO. Tienen edades distantes, gustos y saberes diferentes, y algo en común: pusieron en práctica la premisa de Albert Einstein: “Cualquier momento es bueno para aprender algo nuevo”.

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Foto: Julián Juntinico

Luna y la Escuela de Verano

Luna tiene 15 años, habla tres idiomas, sus mascotas se llaman como frutas y quiere ser microbióloga. Sueña en grande y su meta es ocuparse del cambio climático y el medio ambiente, incluso llegar más lejos que la mismísima Greta Thunberg, pues siente que tiene un compromiso con los seres vivos y el cuidado del planeta Tierra que habita.

Nació con un diagnóstico de parálisis cerebral por hipoxia, pero en el hospital de Cúcuta no contaban con equipos de oxígeno para neonatos, lo que le ocasionó retraso en el desarrollo de la motricidad gruesa y espasticidad en sus piernas. Gracias a la fisioterapia y la natación recreativa ha logrado superar sus limitaciones casi al cien por ciento.

A través de las redes sociales, las plataformas de video y los distintos canales virtuales que domina con destreza, como buena nativa digital que es, consume contenido educativo, webinarios y talleres gratuitos y de pago que puedan encaminarla lo mejor posible en sus estudios de educación superior. En Los Andes, fue alumna del curso de Ciencias de la Escuela de Verano 2020.

“Esta Universidad me brindó un ambiente seguro e incluyente —relata—. En la Escuela de Verano, que por la pandemia fue completamente virtual, profundicé en ciencias y me enseñaron a aterrizar los problemas cotidianos a través de las ciencias duras. Me gustó que encontré en mis compañeros un punto en común a pesar de que proveníamos de distintas regiones del país. La educación virtual es diferente, pero trae muchas ventajas, como la conectividad”.

La educación continua le dio la oportunidad de conocer investigadores destacados como la profesora Martha Vives, conocida como la científica de los fagos —virus que atacan a las bacterias—y cocreadora del proyecto Covida, una iniciativa liderada por la Universidad de los Andes para contribuir a la mitigación del virus SARS-Cov-2.

Juliana amplía sus puntos de vista

Juliana ronda los 40, nació en Armenia (Quindío), tiene sangre caleña, se crio en Bogotá, es ingeniera industrial de Los Andes y vive en España con su familia, hace más de 16 años.

Aunque trata de mantenerse conectada con sus raíces, con costumbres como comer arepa paisa, reconoce que, por ejemplo, no domina con precisión los dimes y diretes de la política colombiana y ya ha comenzado a olvidar algunas palabras del español “tan formal” usado en Colombia.

Debido a que su trabajo es todo en inglés, con nostalgia recuerda los modismos que tuvo que desempolvar en el primer semestre de 2020 cuando tomó los cursos de Educación Continua en Los Andes, esos que en la región catalana de Barcelona, donde vive, no usa.

Primero se inscribió en el de italiano que tanto había esperado y aplazado por falta de tiempo y del que se enteró por un correo de egresados. Después se antojó de dos cursos de coolhunting (modalidad del mercadeo y la publicidad consistente en cazar tendencias). “Se me pasaron las clases volando; a pesar de la diferencia horaria, no me quedé dormida, incluso se me acomodó mejor el tiempo. Terminaba mi jornada laboral y me conectaba”.

Para ella, de alguna manera, la virtualidad abona un buen terreno para la educación continua, pues amplía las posibilidades de conocer otros puntos de vista que impulsan el desarrollo laboral: “Cuanta más visión tengas de lo que está pasando, más enriqueces la conversación y el trabajo”.

Marisol, la estudiante asidua

Marisol es bogotana, estudió Ingeniería de Sistemas, Finanzas y MBA en Los Andes. En 2010 cuando era estudiante tomó el curso Tres Momentos en el Arte y desde entonces cursa un programa de Educación Continua cada año. Al principio, por no ser nativa digital, la asaltaban las dudas acerca de la calidad de la educación virtual y la probable disminución de la comunicación asertiva en los entornos digitales de aprendizaje. “He cursado poco más de 11 programas EDCO” dice y relata que incluso ha sorteado las barreras técnicas de la conexión remota hasta el punto de darles soporte técnico a los más grandecitos de la clase.

El confinamiento por la pandemia le facilitó cursar más programas de los que había pensado. En ellos ha podido compartir con gente de otras ciudades y países, como con una persona que vive en Suiza hace 40 años; o ha tenido compañeros formados en áreas distintas a la suya como un sacerdote. Eso sí, echa de menos los espacios del café y las charlas informales de la presencialidad.

Concluye que la diferencia de los estudiantes de los cursos de educación a lo largo de la vida con los de pregrado es que quienes los toman ya han acumulado experiencias que enriquecen su visión. “Llegamos con distintos puntos de partida, con historias muy distintas, movidos por un tema de interés común. Me he encontrado en cursos con profesores que ahora son alumnos, es un lujo tener esos profesores y luego compartir trabajos de clase con ellos”.

“En nuestro ciclo de conferencias online que desarrollamos desde abril, tuvimos la participación de personas de todas las edades, ubicadas en diferentes lugares del mundo. No necesariamente hay una correlación entre la virtualidad y la edad, depende de las temáticas de los diferentes cursos y actividades que ofrecemos desde Educación Continua”.
Diana Betancourt