Foto Javier Serrano
Foto: Archivo documental Universidad de los Andes

Javier Serrano Rodríguez, un estudioso de las crisis

Desde kínder mostró su capacidad innata para entender los números, su gusto por la lectura y su pasión por el deporte. Con los años se convirtió en uno de los mejores profesores de finanzas del país. Su trayectoria profesional ha estado ligada a la Universidad de los Andes, cuyo Consejo Académico lo nombró profesor emérito a mediados de 2020.

Por Luis Fernando Molina Londoño
Profesor de la Facultad de Administración
lmolina@uniandes.edu.co

El 13 de marzo de 1945, cuando Javier Serrano Rodríguez nació en Zapatoca, departamento de Santander, faltaban pocos días para que el pueblo recibiera la buena noticia del fin de la Segunda Guerra Mundial. Lo que parecía un buen augurio de paz duró poco, pues en 1947 Luis y Sara, sus padres, debieron desplazarse hacia Bucaramanga con sus seis hijos todavía pequeños, por amenazas.

La llamada Violencia de los años cincuenta tocó la puerta de la familia Serrano Rodríguez que vivía holgadamente de sus fincas y de su completo almacén de cueros. La sombra del conflicto posiblemente los persiguió en la capital de Santander donde un incendio destruyó el otro almacén de cuero que les daba el sustento. Quedó claro para todos que los esfuerzos de padre y madre se enfocarían exclusivamente en educar bien y con rigor a los hijos, pese a la muerte inesperada de Sara, que los dejó huérfanos siendo aún niños y adolescentes.

El empeño dio frutos y hoy el nombre Javier Serrano Rodríguez evoca de inmediato al más reconocido profesor de finanzas del país. Los Andes en Bogotá y la UIS en Bucaramanga son las jóvenes universidades que lo acreditan como suyo. Los mejores financistas presumen de haberlo tenido como maestro, condición que también le reconocen numerosos docentes del ramo en Colombia, y qué decir de algunos de los más destacados ejecutivos en la región que pasaron por sus cursos de pregrado, especialización y maestría.

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La historia de este emblemático profesor está marcada por su capacidad innata con los números, su gusto por la lectura y su pasión por el deporte, características que mostró desde kínder. Fue el mejor estudiante del Liceo Sagrado Corazón en primaria, del Colegio Santander en secundaria y de toda la Universidad Industrial de Santander (1963-1968). “Pagó” servicio militar y luego en la UIS pudo observar en forma directa, en el contexto de la Guerra Fría y de las revoluciones china y cubana, cómo tomaban fuerza las posiciones extremistas de izquierda y anarquistas que no solo originaron las más radicales protestas estudiantiles, sino el Ejército de Liberación Nacional (Eln) al que ingresaron varios de sus compañeros de la Universidad, incluido el muy célebre y brillante Jaime Arenas, cofundador de esa guerrilla.

Javier Serrano estudió Ingeniería Eléctrica y en vez de conseguir trabajo en Ecopetrol o en alguna multinacional o gran empresa colombiana, como era costumbre en Santander, decidió continuar con un posgrado en la joven especialidad de Ingeniería Industrial, en la Universidad de los Andes. Su talento rápidamente se hizo evidente y pronto se vinculó como profesor en la Facultad de Ingeniería. Su ideal de formación integral, que asimiló de manera natural en la UIS, armonizó perfectamente con el modelo de Uniandes. La historia, la sociología, la filosofía, las artes, la política y las ciencias naturales debían absorberse y conectarse permanentemente en el ejercicio académico y profesional. Por eso no fue raro verlo después haciendo la Maestría de Ciencia Política y participando en la organización del Cider.

Foto de Javier Serrano
Serrano fue el encargado de ofrecer unas palabras en la ceremonia de grados de posgrado en el primer semestre de 2016. Foto: Alejandro Gómez / Archivo Universidad de los Andes

En medio de los turbulentos tiempos de la protesta estudiantil de 1970 en Uniandes y el país, decidió seguir la carrera académica: inició becado su Ph. D. en la Universidad de Pittsburgh, en Estados Unidos; se convirtió en asistente de un destacado profesor, al tiempo que desarrolló su pasión por el béisbol, no solo porque podía conseguir pases de cortesía para ver los partidos en PNC Park, sino por las estadísticas, la sabermetría para predecir el desempeño de los peloteros y el cálculo, propios del juego. En un partido de béisbol, una mente calculadora no se aburre. Gracias a que el campo de los Piratas de Pittsburgh estaba cerca de la Universidad, pudo conocer a casi todas las estrellas de las grandes ligas. En 1971 asistió a los partidos con que los Piratas ganaron una de sus cinco series mundiales.

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Regresó en 1973 para comenzar su carrera definitiva como profesor, que ha combinado con su trabajo en organismos del Estado y en algunas empresas del denominado Grupo Santo Domingo, del que fue alto directivo. También fundó su propia firma de consultoría, con la cual desarrolló una intensa labor de integración de la Universidad de los Andes al sector público y privado. Y ese conocimiento y experiencia sobre lo público y lo privado lo lleva al aula. Lo aprovecha para diseñar los ejercicios con que los estudiantes aprenden, porque él no enseña. Acompaña. Su docencia se basa en conocimientos y habilidades “vividos”. Los alumnos confirman que su profesor tiene “mente matemática y financiera”, cuando da la respuesta exacta a un ejercicio antes que el Excel y las calculadoras. A los 75 años y después de 50 años dictando clase, sigue maravillándolos con lo último en tecnología y contenidos en finanzas. Está ubicado en la frontera del conocimiento de su disciplina. “Siempre nos sorprende con lo último. Siempre a la vanguardia. Nunca repite. Cada clase la prepara con mística. Llega con media hora de anticipación al salón para ultimar los detalles. Nunca se puede entrar después de la hora exacta. Al terminar, siempre se queda otro tanto cuando algunos estudiantes quieren hablar sobre los casos reales que comparte en el aula. Y entre el ‘siempre’ y el ‘nunca’ que lo caracteriza, una clase nunca es igual a la otra”, dice Ángela Carrillo, una de sus alumnas de la Maestría en Finanzas.

En su paso por la decanatura de la Facultad de Administración logró crear una Escuela de Posgrados e impulsar los programas de educación ejecutiva, que han llevado a Uniandes a tener una fuerte presencia fuera de Bogotá. Además, dio forma a la Vicerrectoría Administrativa y Financiera, creada para asumir su expansión y mayor complejidad. Es su atávica capacidad de anticiparse al cambio.

Una de sus pasiones académicas es el estudio de las crisis. ¿Por qué un hombre tan exitoso observa tan apasionadamente las crisis ¿Por qué gusta tanto de estudiarlas? ¿Por qué en vez de evadirse se mete estoicamente a observar organizaciones y mercados en crisis? Las “crisis” lo han acechado desde que nació. Las ha sufrido, observado, estudiado, comprendido y enfrentado. Con gran serenidad busca respuestas y propone alternativas. La de 2008 —frente al auge de las hipotecas basura y la falta de control sobre los derivados financieros en EE. UU.— ya la veía venir muchos meses antes de su estallido. En sus clases sobre mercados financieros y en los Foros de Actualidad de la Facultad de Administración lo sustentaba con claridad.

Sin duda, su capacidad natural para el cálculo matemático y su “manía” de mirar pasado y presente en perspectiva de largo plazo le permiten saber casi siempre, con mucha “aproximada certeza”, que las crisis están cerca. Intuye sus características, dimensiones y consecuencias. Pocos las aceptan cuando él las anuncia con su sonrisa. Pero ocurren. Por sentido común, la perspectiva histórica hace que sus explicaciones sobre eventos ya ocurridos resulten correctas.

Desde que nació en Zapatoca cuando terminaba la Segunda Guerra Mundial y Colombia empezaba su ya larga historia de Violencia, Luis y Sara estaban convencidos de que la educación era la mejor vía para superar la adversidad; los hijos también lo comprendieron; Javier Serrano Rodríguez ha sido el profesor perfecto para los tiempos turbulentos que ha vivido el país.