Una científica emergente

La epidemióloga Andrea Ramírez Varela fue destacada por la firma 3M, gracias a su labor en el ámbito científico y de la innovación.

Por Johanna Ortiz Rocha

“Estoy convencida de que las mujeres podemos ser excelentes en el campo de la ciencia. Históricamente hemos demostrado que podemos ejercer de manera simultánea diversos roles en la vida, una habilidad que aporta significativamente cuando una mujer es investigadora o líder de un proyecto”.

Con esas palabras, la médica epidemióloga uniandina Andrea Ramírez resume su posición sobre la urgencia de que se habiliten espacios para las investigadoras y se fomenten acciones de empoderamiento de las niñas desde muy temprana edad para que contribuyan al desarrollo científico.

“Mi sueño como científica es que los resultados de mis proyectos se conviertan en políticas públicas e intervenciones en salud, que cumplan su propósito de generar un beneficio en la población”.

Su visión tiene sustento. En el 2020 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) reveló que la tasa mundial promedio de investigadoras era de solo 29,3 % y apenas les han otorgado el 3 % de los premios Nobel en ciencias. Si bien hay avances en su incorporación en carreras relacionadas con la Ciencia, la Tecnología, la Ingeniería y las Matemáticas, comúnmente conocidas como STEM por sus siglas en inglés, aún sigue siendo muy reducida su participación en este campo. Una brecha que se acentúa aún más en Latinoamérica.

Andrea sintió interés por la ciencia desde cuando estudiaba en el Liceo Benalcázar, de Cali, a donde fueron a vivir por un traslado de su madre. Los laboratorios, las clases y experimentos la hacían soñar con convertirse en una gran científica. “Nos inculcaron mucho la posibilidad de hacer cosas diferentes y pensar en grande”, recuerda. A esto se suma el hecho de que su familia le hizo ver la importancia de la educación y de contar con un propósito de vida que pudiera impactar a muchas más personas.

Esa convicción la llevó a graduarse en la primera promoción de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes y a cursar un doctorado en Epidemiología en la Universidad Federal de Pelotas (Brasil), donde se rodeó de grandes investigadores que implementaron las cohortes de nacimiento, o estudio y seguimiento por 30 años a un grupo de individuos que comparten el año de nacimiento. “Tener una base de datos con tanta información es ideal para cualquier epidemiólogo”, afirma.

La pandemia la acercó a la epidemiología de enfermedades infecciosas. Por invitación de Luis Jorge Hernández, director epidemiológico del proyecto Covida de Uniandes, ha trabajado en estrategias de vigilancia epidemiológica para proporcionar información que contribuya a la toma de decisiones efectivas en la creación de políticas públicas para el manejo de la emergencia sanitaria. Su tarea consistió en hacer seguimiento y acompañamiento de personas que se hicieron la prueba de COVID-19, para producir análisis de caracterización epidemiológica de la población.

 

“Me siento afortunado de trabajar a su lado, fui su profesor y ahora es mi colega. Es una persona muy competitiva, exigente con ella misma, por eso no dudé en invitarla a trabajar conmigo en el proyecto Covida. Un mensaje que le he transmitido es que nunca pierda la humildad y el poder de servirles a los demás porque para poder ser excelente científico también se debe ser un excelente ser humano, no se puede ser lo uno sin lo otro”.
Luis Jorge Hernández, director epidemiológico del proyecto Covida

En forma paralela, como integrante del Centro de Investigaciones de Posgrados de la Facultad de Medicina, con sus estudiantes de Pediatría ha trabajado en el proyecto FARA —por falla aguda respiratoria— y ahora durante la crisis sanitaria hace evaluación de la COVID-19 en niños. Esta enfermedad suele ser más leve en los menores, pero puede llegar a complicarse y requerir hospitalización y hasta cuidados intensivos. Para esto ha recolectado datos de más de 400 pacientes en tres hospitales de Bogotá, de los cuales 40 han tenido complicaciones médicas, una información muy valiosa por la dificultad de conseguir casos de gravedad en esta población.

“Silvia Restrepo, Zulma Cucunubá y María Lucía Mesa son un gran ejemplo de profesionales sobresalientes desde todo punto de vista, ¡son unas berracas!”, dice Andrea sobre estas tres profesionales que la han motivado a continuar con su línea de investigación en vigilancia epidemiológica.

Estas actividades visibilizaron su trabajo ante la multinacional 3M, que en febrero de 2021 la seleccionó entre cerca de mil postulaciones como una de las 25 científicas emergentes de América Latina, gracias a su proyecto de investigación “Efectividad y adherencia del uso de protectores faciales cerrados para la prevención de la transmisión de COVID-19”. Con él pretende probar si los cascos de vida – PNUD o mascarillas cerradas tipo careta usadas al tiempo con tapabocas quirúrgicos ofrecen mayores niveles de protección a los trabajadores que no pueden quedarse en casa y que están expuestos a aglomeraciones y poca ventilación en ambientes cerrados. La distinción busca promover historias de científicas que inspiran a tener un mundo más equitativo, donde ellas puedan, a través de la ciencia, continuar resolviendo retos, mejorar las vidas de otros y ayudar a reducir las brechas a las que se enfrentan en este campo.

“Las mujeres hemos empezado a tener mayor visibilidad y a ganar un terreno que ha sido muy luchado en la historia y en generaciones pasadas”, dice Andrea y concluye: “Nuestro aporte es impresionante”

Alejandro Gaviria y Fernando Savater
Junto a sus mentores, Michael Pratt, médico del Servicio de Inteligencia Epidemiológica en Atlanta (CDC), y Pedro Hallal, epidemiólogo y profesor de la Universidad de Pelotas, Andrea ha trabajado en la vigilancia epidemiológica de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y la hipertensión, principales causas de muerte en el mundo. También pertenece al Observatorio Global de Actividad Física, donde analizan hábitos y comportamientos poco saludables, entre ellos la inactividad física y el tabaquismo, como factores de riesgo en este tipo de dolencias.